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miércoles, 21 de julio de 2010

Eran cuatro viejos

Estos eran cuatro viejos
que empezaron a contar
hazañas que tenían hechas
en tiempo e' su mocedad.
Esto sucedió un domingo
al apuntar el lucero
entre una cocina vieja
con bastante leña al juego.
Uno e' los viejos decía:
—Yo, cuando era melitar
me fui a una espedición
para la sierra del Volcán.
Ya dentramos entre los indios
como perros en majada
y al bajar de una cuchilla
y al subir de una quebrada:
"De un lanzazo me maté
cuarenta indios y una china".

El otro viejo decía:
—Yo no he sido melitar,
lo que sí me e' ejercitao
en el trajín de domar.
Me paso pa la otra banda
para domar conchavao,
pa más señas mi patrón
era don Juan, el pelao.
El día de mi conchavo
me hicieron mucho agasajo.
Luego me dice el patrón:
es preciso que madrugue
a prencipiar el trabajo.
Casualmente allí había
una manada de overos
ande andaba un alazán
mentao de malo y ligero.
Al otro día e' mañana
echan yeguas al corral
y me dice el capataz:
—Amigo, traiga el bozal;
—Ya voy con mi bozalito,
el cabrestito y las riendas,
ya estaba el pingo enlazao,
los ojos como linternas.
Y me dice el capataz:
—Ensille este redomón
ándele un poco despacio,
que es de la silla, el patrón.
Confíao en esta palabra
cuando ya estuvo ensillao,
de un brinco me lo salté
y le prendí las de fierro;
gritaba como demonio
el diablo del redomón.
—Ya decía yo entre mí:
¡Pucha, el de andar del patrón!
Y van a creer, camaradas,
lo que les voy a contar:
"Corcoveó trescientas leguas
nunca me pudo voltear".

El otro viejo temblando
todo atareao por hablar:
—Yo, dijo, les contaré
de cuando era marinero
andando en las mares altas
ande está sereno todo,
se me va, caray, al agua
un reló cadena de oro.
Y yo, que viéndolo estaba,
a desnudarme empecé
y al agua me descolgué
en busca de este reló.
Y van a creer, camaradas,
lo que les voy a contar:
"Que por sacar un reló
me sacó setenta y dos".

El último viejo dijo
después de pensar un rato:
—Yo no he sido melitar
ni marino, o domador.
Me conchavé en una estancia
nada más que pa enlazar.
Entonces gozaba fama
como güen enlazador.
La estancia tenía toros,
vacas, terneros, novillos,
potros, yeguas y potrillos
por todo como cien mil.
Un día me levanté
pa dir a hacer la carniada
y junté todos los lazos
que tenía en la ramada;
los até unos con otros
con un ñudo potriador,
di güelta en todo el corral
pa afianzarlo en treinta palos,
luego arreglé la armada
y enderecé pal rodeo.
Cuando estuve a veinte cuadras
ya comencé a revolear;
y van a creer, camaradas,
lo que les voy a contar:
"Por enlazar una vaca
me enlacé todo el rodeo"

sábado, 27 de marzo de 2010

El caballo y el buey

Presten todos su atención,
señores les contaré
un coloquio que pasó
entre un caballo y un güey.

Un güey estaba bebiendo
en la orilla de un huadal
y a cada rato decía:
—¡ Qué triste y grande es mi mal!

Un caballo que lo oyó
cuando estaba en lo mejor,
—No diga, amigo, le dijo,
que mi vida es mucho peor.

El hombre me ha hecho su esclavo
no me deja descansar,
noche y día me trajina
en su afán de trabajar;

Si hay que hacer algún aparte,
traer una punta o carniar,
lo primero que se acuerdan
es de hacernos ensillar;

Si tienen que hacer un viaje
o salir pa algún destino,
no se fijan que esté enfermo,
cansao, bichoco o chapino.

Si hay yerra, trilla o esquila,
siempre atao en el palenque
sufre la suerte maldita
de la espuela y el rebenque.

En el lomo del caballo
va el paisano a la frontera,
cuando no le da la juria
por lucirlo en las carreras.

Cuando es potro vive bien.
Pero apenas dejó e´ ser,
no le tienen compasión
y empieza su padecer.

Un momento pensó el güey
y en seguida retrucó:
—Mucho peor es la vida
del pobre güey en su ley.

Cuando es toro en el rodeo
sabe que lo han de matar,
si no es su triste destino
vivir para trabajar.

Él es quien labra la tierra
pa el maizal o el alfalfar;
él con su santa pacencia
pa el trigo tiene que arar.

Cuando se lleva la lana
o hay carga pa la ciudá
la picana le ensangrienta
sin piedá ni caridá.

¿Quién carga con los ladrillos
que hay que traer pa edificar?
¿Quién lleva todas las cosas
que se van a negociar?

¡Ay, mi amigo, créame,
más peor es mi condición!
El hombre nos trata fiero
sin tenernos compasión.

—Perdone, gran amigazo,
dijo el caballo atareao,
toavía es peor nuestra suerte
que todo eso que ha contao.

Si va el caballo a la yerra
o a carniar o rejuntar,
su pecho resguarda al gaucho
si alguien le quiere cornear.

En medio de la batalla,
¿Quién lo libra de la muerte,
o que caiga prisionero
por su triste y mala suerte?

viernes, 28 de agosto de 2009

El dia de San Agustín

El día de San Agustín
lo tengo por buena cuenta
que fue veintiocho de agosto,
de mil setecientos ochenta.

El cuerpo se me estremece,
no me quisiera acordar,
pero es preciso, señores,
que yo me haya de explicar.

El domingo por la noche
llego a las chacras la indiada.
Hicieron varios estragos,
no dejaron casi nada.

¡Se llevan tantas familias
y tanto niño inocente!
Ya dieron parte al Mayor,
que camine con su gente.

El Mayor junta a su gente
y comienza a caminar.
Cerquita de La Espadaña
ahí los fueron a alcanzar.

Hacen contar a la gente,
son doscientos veinte hombres.
Dice el capitán blandengue
¡Atropellemos, señores!

Responde el mayor y dice,
como mas inteligente:
Mire que es mucha la indiada.
Esperemos a mas gente...

Los soldados valerosos
respondieron a la par:
¿A que venimos señores
si no hemos de atropellar?

Ya en la primera embestida
la indiada los dispersó,
y los empezó a chucear
que movía a compasión.

Por milagro de la Virgen
algunos han escapado.
Si no se paran los indios
ninguno hubiera quedado...

Al cabo de tres días
a traer los cuerpos mandaron,
con escoltas de soldados
ocho carretas llevaron.

Los nombres de aquellos muertos
tengo firmado en mi letra,
y son ciento catorce hombres
los que saco con mi cuenta.

Escuchen señores mios
yo les pido en alta vos
que a esas pobrecitas almas
las encomienden a Dios.


Este compuesto se refiere al malón ocurrido en el año 1780 en las cercanías de la laguna La Espadaña. Noventa años después de aquel suceso todavía un payador de Luján lo recordaba con su canto. Esta versión fue restaurada por el Lic Ruben Perez Bugallo, eliminado las estrofas que presentaban mas deterioro y retocado alguna palabra, buscando reestablecer la coherencia general del relato. Quizas sea uno de los cantares historicos tradicionales mas antiguo que se conozcan de nuestro cancionero.
Si alguien sabe donde queda la laguna La Espadaña que menciona el compuesto, manden un comentario.

Extraido de:
Literatura popular bonaerense vol IV Cancionero Tradicional. Editorial Catálogos. 2004

miércoles, 4 de marzo de 2009

Aqui me pongo a cantar

Aquí me pongo a cantar
debajo de este membrillo,
a ver si puedo alcanzar
las astas de aquel novillo.

Si este novillo me mata
no me entierren en sagrado,
entierrenme en campo verde
donde me pise el ganado.

En la cabecera pongan
un letrero colorado,
y en el letrero que diga:
aquí murió un desgraciado.

No ha muerto de tabardillo
ni de puntada al costado,
sino por hombre valiente
que lo mato un toro bravo.

Las cuartetas anteriores forman un compuesto o argumento. Este tipo de composiciones deriva del romance criollo y narran sucesos de repercusión colectiva (batallas, riñas accidentes, crímenes), hechos reales o imaginarios, episodios de apariencia autobiográfica, situaciones equivocas o fabulas, casi siempre con alguna intención ética, moralizante o ideológica expresada al final. Se los cantaba por cifra o milonga, utilizándose la sucesión de cuartetas en los mas antiguos y décimas en los mas modernos. Versiones de este compuesto se han registrado también en España, Portugal y distintos países de América. Hay una cuarteta similar a la segunda del compuesto anterior que la tradición popular atribuye al payador Santos Vega:

El día que yo me muera
no me entierren en sagrado,
Entierrenme en campo verde,
donde me pise el ganado.